Cada vez que veo La Hojilla y a su conductor Mario Silva no puedo dejar de recordar a Que Locuras y al provocador Inspector Rodríguez, personaje este que hace reír a multitudes a través de la provocación exasperante de sus víctimas, a quienes lleva hasta los límites máximos del autocontrol, la educación y la paciencia e intencionalmente incita a la pérdida de los niveles normales de la educación y el glamour, lo cual luce muy gracioso para muchos televidentes que saben que están ante un programa de provocación a cámara escondida.
En su personificación del conductor provocador, Mario Silva pareciera utilizar las mismas técnicas del “abusadorcito”, con la mala fortuna de que en lugar de ser gracioso, Mario luce de mal gusto y ofensivo ante propios y extraños.
Diaria e intencionalmente Mario hace galas, en horario estelar, de virtudes que un mal comunicador social podría tener: evidentemente parcializado, exponiendo a ciudadanos sin darles derecho a réplica, manipulando la información hasta deformar la realidad, utilizando informaciones obtenidas de forma legalmente dudosa y refiriéndose de sus colegas y/o víctimas en forma sarcástica y ofensiva, lo cual por cierto no es exclusivo de La Hojilla sino una praxis que tiende a generalizarse en el medio. Eso si, Mario es innovador cuando introduce la técnica de utilizar a sus invitados o al personal del estudio para que le sirvan de coro agavillado mientras él “hace de las suyas”.
No cabe duda de que La Hojilla y su conductor han alcanzado notoriedad, pero es lamentablemente la misma que alcanzan quienes utilizan el escándalo como medio de promoción o cuyo mal gusto llega a niveles tan dramáticos que se les hace imposible pasar por desapercibidos.
Mario es inteligente y seguramente él sostendría que “el fin justifica los medios”, pero cuando Mario habla con la entonación característica del delincuente de mala muerte para personificar la voz del hombre o la mujer del barrio, queriéndolo o no, Mario denigra a todos los venezolanos que dice amar, tanto como a sus víctimas opositoras que ahora las prefiere menos beligerantes e indefensas cuando las escoge selectiva e indiscriminadamente de los archivos o del colectivo opositor que marcha anónimamente en pos de la libertad de expresión para encontrarse con el acoso del camarógrafo provocador, continuando con la práctica de usar el odio y el resentimiento como método de discurso, que obviamente no contribuye a promover la reconciliación nacional.
En su afán de notoriedad, rating o favores presidenciales, Mario utiliza a los medios y valida un estilo y método que solo disocia, sin saber a ciencia cierta cuales serán las consecuencias, porque la realidad siempre supera a la fantasía y cuando su audiencia natural logre entender que ellos son tan víctimas de Mario como los supuestamente expuestos, entonces a Mario le tocará vivir la experiencia del provocado, tal como una vez el recordado Yanis Chimaras le hiciera sentir al famoso “abusadorcito”.
Que lástima que Mario no sea cómico, porque quizá esa sería la única manera de verlo disculparse de sus víctimas después de descubrirse la patraña. Y que lástima que un gobierno complaciente y parcializado promueva este tipo de ejercicios comunicacionales, cuando ha sido a la vez tan vengativo y censurante con otros medios que en su ejercicio de expresión libre no han sido complacientes ni serviles a los objetivos del gobierno como en otros medios y programas aun al aire. Esa es una Venezuela caprichosa, imposible de sostener en el tiempo.
En el camino de la democracia, la democracia es el camino,
José Andrés Ponce Sardi
Voces de la Democracia
jose.andres.ponce@tudemocracia.org
http://www.tudemocraciaorg.blogspot.com
miércoles, 4 de julio de 2007
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