Los anuncios hechos por exdirigentes de Primero Justicia en cuanto a su desincorporación militante de dicha organización dieron al partido amarillo la dimensión de auténtico partido político tradicional venezolano: ya cuentan con una división.
Como siempre, voceros oficiales del partido le restaron importancia al hecho divisionista y descalificaron la decisión anunciada por Blyde y compañía declarándola como una mera disidencia de facciones minoritarias que no afectan la vida, estructura y marcha de la organización, no sin que Blyde dejase ver que la decisión formal anunciada seguía a una exclusión funcional que ya tenía tiempo, cuya oficialización había diferido por razones directamente asociadas con el tema electoral.
Se ha especulado mucho sobre los motivos y causas de la división. Transcendió que el origen de las insalvables diferencias puede haber estado en la decisión de Julio Borges de no seguir la línea abstencionista del partido en las elecciones legislativas de 2005. Se habla de diferencias durante todo el 2006. Vimos acciones concretas que desactivaron a Gerardo Blyde como Secretario General de la organización y mas recientemente una protesta pública del Alcalde López en cuanto a la poca transparencia del proceso electoral interno.
No faltó quien especulara que la división no perjudicaría a la cabeza visible de la organización, porque los fondos de financiamiento del partido están supuestamente muy asociados a su participación activa en el mismo. Finalmente, en las noticias del Lunes pasado vimos reportado que la participación militante en las elecciones del fin de semana no fue mayor al 50%.
Independientemente a la altura y civilismo con que la organización y la disidencia parecen haber afrontado el proceso (lo cual hay que reconocer), los hechos concretos alrededor de la decisión de Blyde, López, Hernández y otros, la denuncia sobre la poca transparencia del proceso electoral, la postura indiferente del actual secretario general para con los disidentes y la claramente escasa participación de la militancia partidista en el proceso electoral interno, ciertamente le hacen a uno preguntarse si quienes pretenden erigirse como representantes, voceros y líderes de la oposición representan los valores democráticos, de justicia, juego limpio y honestidad que todos los venezolanos aspiran ver alguna vez en el proceso político del país.
Es precisamente allí, en la incapacidad de ver la paja en el ojo propio, donde reside la falta de densidad de la oposición venezolana. Por un lado, somos capaces de cuestionar al régimen de Hugo Chávez por su supuesta vocación totalitaria, exclusionista de la disidencia, concentrador de poder hegemónico, manipulador de la transparencia electoral y usuario de fondos públicos para financiar proyectos ajenos al interés nacional; pero por otro, la dirigencia opositora afronta sus problemas internos con las mismas cualidades que pretende hacer ver como negativas en quienes nos gobiernan en la actualidad.
La oposición existe, es sana y hay quienes creemos que representaría la mayoría nacional, pero los actos concretos que materializa la dirigencia opositora siguen sin estar a la altura de la necesidades de ese colectivo, sino que responden a necesidades propias de supervivencia política, prácticas hegemónicas y ejercicios caudillistas parcelarios, que en nada contribuyen al desarrollo de un debate verdadero y democrático que confronte con seriedad, autoridad y dignidad a las manifestaciones igualmente hegemónicas y caudillezcas que tanto daño hacen a las posibilidades de la democracia en Venezuela.
Cuando vemos estos hechos y observamos al Presidente Chávez acumular facultades ejecutivas y legislativas, uno se pregunta si acaso el presidente, en la intimidad de su despacho, no se dice a si mismo que “con estos enemigos, nadie necesita amigos”.
Igualmente, uno se pregunta si la intolerancia a la disidencia, la incapacidad de asumir el debate, el disenso y las diferencias como herramienta fundamental de la democracia, la utilización de las organizaciones políticas como plataforma de lanzamiento de un interés individual y no como ente representante de una ideología y pensar político, son parte de una cultura venezolana que no tiene color y refleja una forma de pensar compartida por todos.
Si fuese así, la oposición y el gobierno tienen mucho mas en común de lo que ambos quisieran reconocer. Eso, quizás, sería lo único bueno de todo esto.
En el camino de la democracia, la democracia es el camino.
José Andrés Ponce Sardi
Voces de la Democracia
jose.andres.ponce@tudemocracia.org
http://www.tudemocraciaorg.blogspot.com
miércoles, 7 de febrero de 2007
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